LA CONDICIÓN HUMANA

Carmelo Yarritu Villanueva.
Jefe de Unidad. Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo. Hospital de
Santiago Apóstol. Miranda de Ebro. Burgos. España.
Correspondencia: cyarritu@saludcastillayleon.es

Rev Acircal. 2016; 3 (1): 1-4.

 

Si hemos de preguntarnos actualmente sobre la especificidad de la condición humana, ya no es posible afirmar que el combate, la violencia o la guerra representan la característica dominante de nuestra especie. Si hubiese que atribuir este papel a una única actividad, sería mucho más la cooperación que la lucha a muerte. Y esta característica es común a todas las poblaciones del globo.

A pesar de que pueda parecer lo contrario por lo que vemos en los noticiarios, es la cooperación como expresión del sentimiento de solidaridad, la actividad humana más predominante en nuestro planeta. Y esto ¿por qué es así?: sabemos que los sentimientos se adquieren, nadie nace siendo solidario, tolerante o generoso. Nadie nace tampoco siendo responsable, pues la responsabilidad tiene también su origen en los sentimientos, en la forma de sentir y de sentirnos frente al mundo. Como personas libres que somos, asumimos unas obligaciones con las que nos comprometemos en la creencia de que son buenas para nosotros y para todos y que son las que dan el significado de la responsabilidad. En realidad, hablar de responsabilidades es hablar del uso de la libertad. La convicción intima de que hay que responder, dar cuenta a alguien de lo que hacemos, porque hemos decidido hacerlo y porque el actuar así representa un bien para uno mismo y para los demás.

El reconocimiento por nuestra sociedad de los Derechos Universales de los seres humanos es una obra nuestra, de nosotros depende y es responsabilidad nuestra lo que hagamos con ellos. El derecho a la protección de la salud, como derecho universal que es, no tiene límites y va dirigido al individuo, pero tiene que hacerse extensivo a todos.

La concepción de salud que tenemos, nos remite a la noción de bienestar, y la economía de mercado nos enseña a entender el bienestar individualmente, no colectivamente. ¿Cómo hacer compatibles justicia y bienestar, un cuidado de la salud que busque lo mejor no para algunos individuos, sino para todos?

Nuestra concepción de la sociedad ha evolucionado de tal forma que actualmente se entiende como el resultado de un contrato entre los individuos y quienes les gobiernan y regulan la vida pública, el llamado contrato social, provocado por la convicción de que el individuo es y tiene que ser, por encima de todo, un ser libre. Tal modelo de sociedad se ha desarrollado a costa de una concepción más relacional del sujeto humano, una concepción en la que fuera más central el valor de la solidaridad. Esta cultura moderna basada en el referido contrato, sustituye a otra cultura previa que fomentó la caridad.

Los fines intrínsecos de la Medicina, ya definidos por Hipócrates y por nuestro actual Código Deontológico, son en sí mismos, la formulación en clave biomédica de los Derechos fundamentales de los seres humanos (Libertad, justicia,…). El deber de la solidaridad nace de la asunción de los derechos universales del ser humano y de los fines de la medicina. Es la aceptación como profesionales sanitarios del sentimiento de solidaridad, la que nos motiva a hacer compatibles la justicia y el bienestar, es decir el cuidado de la salud no solo para algunos, sino para todos.

La participación en proyectos quirúrgicos en países desfavorecidos es una forma de mostrar esta solidaridad. La pobreza es una de las principales situaciones que resultan nocivas para la salud, se establece entre ambas un círculo vicioso difícil de romper. Es nuestra ayuda en sus diferentes formas, una solución razonable para los gobiernos que desean romper este círculo vicioso entre pobreza y salud, junto con una distribución más equitativa de sus ingresos, por parte de ellos. En estos países pobres la salud es vista como un bien privado y el tratamiento quirúrgico depende del paciente, de si se lo puede pagar, por lo que son los sectores más pobres de la población los más necesitados. En el proceso de provisión de ayudas hay una serie de aspectos a considerar. Uno es garantizar que los recursos lleguen a las áreas más periféricas y pobres, otro asegurarse de que realmente tienen impacto. Se necesitan más que buenas intenciones para generar mejoras sostenibles en el bienestar de las personas. Si ser humanitario significa “estar preocupado por el bienestar de la humanidad”, esto no siempre es fácil, pero aun así es necesario. Las buenas intenciones dentro de las labores humanitarias ayudan, pero no son suficientes para asegurar resultados humanitarios.

Sabemos que la práctica de la Cirugía precisa de una infraestructura significativa: quirófanos, material, esterilización, formación del personal local, cuidados postoperatorios, que hacen nuestra labor más compleja que otras actuaciones sanitarias y más en las zonas pobres y periféricas, por lo general peor dotadas. Suelen ser misiones quirúrgicas a corto plazo, que precisan de una selección previa de pacientes por los médicos locales y cuyos procedimientos más frecuentes son la hernioplastia, colecistectomía, apendicectomías, hemorroidectomias y otros procedimientos menores.

Esta complejidad que entrañan los proyectos de cooperación quirúrgicos en países desfavorecidos, no deben desanimarnos de participar en alguno de ellos, pero si tenerla presente previamente, para no llevarnos sorpresas desagradables en el destino. La experiencia como voluntario puede ser muy gratificante a nivel profesional y personal. Aprendemos que se puede hacer nuestro trabajo con menos medios de los que acostumbramos, vemos patologías nuevas y desarrollamos nuestro ingenio para solventar los problemas de todo tipo que van surgiendo. También puede ser muy desagradable, si no adaptamos nuestra mentalidad occidental al entorno en que nos desenvolvemos, aumentamos nuestra paciencia y disminuimos nuestras expectativas, siendo menos exigentes con nosotros mismos y con los demás que nos rodean.

Como recompensa la satisfacción de contribuir al bienestar de otros seres humanos y su agradecimiento. La gratitud y la amabilidad que nos demuestran mejora nuestro estado de ánimo y autoestima, lo cual nos ayuda a superar las incomodidades existentes y las dificultades que van surgiendo. Es este agradecimiento el que queda grabado en nuestra memoria, como principal recuerdo de nuestra experiencia profesional allí donde nos han necesitado. Nuestro fin al participar en un proyecto de cooperación es dar aliento a la solidaridad entre los ciudadanos, utilizarlo como motivo de autoestima y como referente moral de una sociedad.

 

Lectura recomendada:

Victoria Camps. Una vida de calidad. Editorial Ares y Mares. Año 2001.

 

Carmelo Yarritu Villanueva.

 

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