EL DESARROLLO DEL CIRUJANO

Juan Luis Seco Gil.

Jefe de Servicio Complejo Asistencial de Burgos. Presidente de ACIRCAL. Presidente XIX Reunión Nacional de Cirugía (2013).

Correspondencia: juanlseco@yahoo.es 

 

La ACIRCAL, desde su fundación en 1999, ha tenido el gran mérito de cohesionar a los cirujanos de Castilla y León, contribuir a su progreso científico y mejorar nuestras relaciones humanas y profesionales. En este mismo sentido, la revista digital supone un importante avance, que se va consolidando  número tras número, y a la que quiero contribuir con estas reflexiones fruto del ejercicio de la cirugía desde los años 70.

La cirugía es una mezcla de técnica y arte, de ciencia y sentido común, de progreso y de experiencia, de audacia y de prudencia, de profesionalidad y de entusiasmo, que nos ha mantenido ilusionados durante los años de nuestra actividad profesional.

A lo largo de nuestro ejercicio profesional hemos ido aprendiendo que nunca acaba uno de formarse, que la puesta al día ha sido una necesidad permanente, que la buena indicación y la buena técnica son básicas en el resultado de la cirugía,  y que en ocasiones es difícil encontrar el equilibrio entre el riesgo a que sometemos al paciente y el beneficio que esperamos obtener.

El desarrollo del cirujano va paralelo a su desarrollo como persona, para lo cual es imprescindible el mayor respeto hacia nuestros compañeros de trabajo y hacia nuestros pacientes y sus familiares. Si no existe ese respeto, aunque seamos buenos técnicos, estaremos muy cerca del fracaso.

En estos años hemos vivido la incorporación de la informática a nuestro trabajo diario. La informática ha mejorado la transmisión de la información y la ha hecho más rápida y eficaz, pero la carga burocrática y el tiempo pegado a la pantalla han aumentado exponencialmente; tanto para los médicos como para la enfermería, de forma que  corremos el riesgo de disminuir la comunicación oral y convertirnos en esclavos del ordenador. ¡Los médicos en la consulta atienden a los pacientes con la cabeza girada hacia el ordenador! ¡Qué cantidad de juramentos nos ha costado incorporarnos a la informática! El corta/pega es el rey de la historia clínica. Y a la vez, no tenemos ninguna base de datos que nos permita controlar la calidad de nuestros resultados.

Muy lejos quedan ya los tiempos en que los cirujanos eran capaces de abarcar todos los campos de la cirugía. Los avances en los distintos campos han motivado la necesidad de acotar el área de nuestra “capacitación específica”, con objeto de poder ofrecer los mejores resultados a nuestros pacientes. Todavía más, incluso deben existir cirujanos especialmente dedicados a áreas muy concretas de las distintas áreas de la cirugía, si queremos alcanzar un nivel de excelencia o de referencia.

Los servicios de cirugía deben preocuparse por el desarrollo profesional y personal de cada cirujano, porque solo así se logrará el desarrollo del Servicio como tal, y cobrará una mayor representatividad en el concierto autonómico y nacional. Una actitud que favorezca el aprendizaje, la investigación clínica y la potenciación de las habilidades de cada cirujano son muy importantes para ello. Las enemistades personales, los deseos de figurar a costa de minusvalorar al compañero, y la envidia de “todo lo que se mueve” perjudican nuestra toma de decisiones a la hora de elegir lo mejor para cada paciente, impiden nuestro progreso y contribuyen a hacer del  trabajo un sitio desagradable.

Las habilidades de comunicación del personal sanitario dependen de la capacidad de cada persona y no se les suele prestar demasiada atención durante nuestra actividad formativa. Mejorar la capacidad de comunicación de los sanitarios que tienen problemas de comunicación con otros cirujanos, con otros médicos, con la enfermería, con los pacientes y con los familiares, mejoraría el ambiente de trabajo y reduciría ese mal de nuestro tiempo que son las reclamaciones y las denuncias al mínimo posible.

El cirujano, aparte generalmente de querer operar más, quiere hacer una cirugía con menos dolor para el paciente, con menos estancia postoperatoria y con el menor número posible de complicaciones y secuelas. Pero eso no basta. Es necesario que se le reconozca su labor, una cierta autonomía para organizar su trabajo, a la vez que se siente parte de un equipo, sin que se le pongan trabas para su progreso profesional y humano.

A la vez, debe saber que debe darlo todo en cada momento, sin importar el puesto que desempeñe, y que debe ser generoso a la hora de trasmitir sus conocimientos y su sabiduría a los que están aprendiendo. Solo así podrá finalmente sentirse satisfecho con su trabajo y será valorado como se merece.

En resumen, que, con el máximo respeto hacia nuestros compañeros y hacia los pacientes, hay que seguir siempre adelante, aunque vengan mal dadas, y en especial en estas circunstancias. Siempre habrá un lugar hacia el que desarrollarse y una meta que alcanzar.

 

Dr. J.L. Seco Gil

Burgos, mayo de 2015

 

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